¿DE DÓNDE VIENE MI AYUDA? – “No olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103)
Facilitador: Pastor Todd Tillinghast
El Salmo 103 es un salmo de David, y tiene una característica particular: el enfoque no somos nosotros, sino Dios y aquello que lo bendice.
David une dos conceptos que están estrechamente relacionados: bendecir al Señor y no olvidar ninguno de sus beneficios.
A través del salmo encontramos tres preguntas que nos ayudan a entender este mensaje:
- ¿Cómo bendecimos al Señor?
- ¿Por qué bendecimos al Señor? — Los beneficios de Dios.
- ¿Quién ha sido llamado a bendecir al Señor?
1. ¿Cómo bendecimos al Señor?
En los versículos 1 y 2 David dice:
“Bendice, alma mía, al Señor y bendiga todo mi ser su santo nombre.”
David comienza hablándole a su propia alma. Esto nos enseña que debemos aprender a hablarnos a nosotros mismos y a separar lo que sentimos de lo que verdaderamente somos en Cristo.
Todo el día tenemos un diálogo interno. Nadie tiene mayor influencia sobre nuestra vida que nosotros mismos, porque constantemente estamos hablándonos.
La diferencia es que los salmistas no permitían que sus emociones los dominaran. David podía reconocer lo que estaba sintiendo, pero también podía decirle a su alma: “Bendice al Señor.”
Esto es especialmente importante porque incluso cuando las cosas están bien podemos olvidarnos de Dios.
David no solamente dice que su alma bendiga al Señor, sino que dice:
“Bendiga todo mi ser su santo nombre.”
Todo lo que somos —cuerpo, alma y espíritu— debe dirigirse hacia Dios. Su “santo nombre” expresa todo lo que Él es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Bendecir al Señor tampoco significa simplemente hablarnos positivamente o decirnos que somos maravillosos. No se trata de mirarnos al espejo para convencernos de que todo estará bien.
Se trata de hablarle a nuestra alma y dirigirla hacia Dios: meditar en el Señor, meditar en las Escrituras, adorarlo y recordar quién es Él, en lugar de quedarnos únicamente concentrados en cómo nos sentimos.
2. ¿Por qué bendecimos al Señor? — Los beneficios de Dios
En los versículos 3 al 20 David comienza a enumerar los beneficios que recibimos de Dios, pero al mismo tiempo nos muestra cómo es Dios, el benefactor.
Entre todos esos beneficios hay uno que constituye la base de los demás:
“Él es el que perdona todas tus iniquidades.”
El perdón de nuestros pecados es el beneficio fundamental.
Todo comienza con la gracia de Dios, porque ninguno de nosotros merece lo que Dios nos da. Los beneficios humanos normalmente se obtienen mediante nuestro trabajo, pero los beneficios de Dios no pueden ganarse de esa manera.
Dios nos perdona porque somos pecadores y necesitamos su gracia.
Por eso David nos dice que no olvidemos que Él nos perdonó.
Necesitamos recordar nuestro pecado para comprender realmente lo grande que es su perdón. Muchas veces nos cuesta reconocer que somos pecadores porque la sociedad nos enseña a ocultar lo malo, proyectar una buena imagen y mostrar solamente lo mejor de nosotros.
También podemos caer en enseñanzas equivocadas que nos llevan a hablar de nosotros mismos de una manera exageradamente positiva, hasta el punto de perder conciencia de nuestra lucha con el pecado.
Pero la Biblia nos llama a ser honestos.
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos.”
(1 Juan 1:8)
Y luego nos recuerda:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados.”
(1 Juan 1:9)
Reconocer que somos pecadores no significa vivir bajo condenación. En Cristo ya no hay condenación, pero seguimos necesitando confesión y gracia. Debemos recordar que nuestra justicia no proviene de nosotros mismos, sino de Cristo.
Por eso el perdón de Dios es tan poderoso, importante y hermoso. Sin ese perdón no podemos tener una verdadera relación con Dios. Todo comienza con su gracia.
Y de ese perdón se desprenden los demás beneficios que David menciona: su misericordia, su compasión, su cuidado, su sanidad, su justicia y su amor.
Por eso bendecimos al Señor: porque recordamos quién es Él y todo lo que ha hecho por nosotros.
3. ¿Quién ha sido llamado a bendecir al Señor?
Al final del salmo, David amplía el llamado.
Primero le habla a su propia alma:
“Bendice, alma mía, al Señor.”
Después llama a los ángeles y a los ejércitos celestiales a bendecir al Señor, y finalmente llama a todas sus obras a hacerlo.
La adoración no está limitada a nosotros.
Todo lo que Dios ha creado existe para reconocerlo, honrarlo, servirlo y bendecirlo.
Los ángeles sirven y obedecen su voluntad, y nosotros también hemos sido llamados a vivir para Dios y no para nosotros mismos.
David comienza hablándole a su propia alma y termina extendiendo ese llamado a toda la creación.
Aplicaciones
1. ¿Le hablo a mi alma?
¿Estoy dejando que mis emociones me controlen o estoy hablando a mi alma para alinearla con lo que dice el Señor?
Cuando aparezcan pensamientos, emociones o situaciones difíciles, debo aprender a decirle a mi alma: “Aliéntate a lo que dice el Señor. Bendice al Señor.”
2. ¿Recuerdo constantemente los beneficios de Dios en mi vida?
No debo olvidar, especialmente, el beneficio fundamental: Dios me perdonó.
Recordar su gracia, su misericordia y su perdón me ayuda a mantener una actitud de humildad, gratitud y adoración.
El mensaje central del Salmo 103 es sencillo, pero profundo: No olvidemos ninguno de los beneficios de Dios.
Cuando recordamos lo que Él ha hecho, especialmente que nos ha perdonado por su gracia y por medio de Cristo, nuestra respuesta debe ser la misma de David:
“Bendice, alma mía, al Señor.”

