¿DE DÓNDE VIENE MI AYUDA? – “Las Bendiciones y los beneficios de la unidad” (Salmo 133)
Facilitador: Pastor Todd Tillinghast
El Salmo 133 nos lleva a reflexionar sobre una bendición que muchas veces damos por sentada: la unidad. David comienza diciendo: “¡Cuán bueno y agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!” La unidad no solamente es algo bueno para nosotros; también es algo que Dios bendice y que el mundo puede ver.
Este es uno de los cánticos de ascenso, que los israelitas cantaban mientras peregrinaban hacia Jerusalén para celebrar las fiestas. Aunque probablemente no tenían tiempo para desarrollar relaciones profundas durante esos pocos días de camino, compartían algo fundamental: una misma identidad y un mismo propósito de adorar a Dios.
David vio en esa unidad algo hermoso, placentero y agradable. A través de tres imágenes nos enseña cómo funciona, de dónde viene y cuál es su propósito.
1. La promesa de la unidad
Versículo 1 “¡Cuán bueno y agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!”
La primera enseñanza es sencilla: la unidad es una bendición.
La unidad cristiana no es algo que solamente se puede explicar; también se puede ver y experimentar. Cuando los creyentes vivimos en armonía, el mundo puede observar algo diferente en nosotros.
Nuestra unidad no significa que todos seamos iguales. Somos diferentes en personalidad, habilidades, generaciones, culturas y experiencias. Sin embargo, podemos habitar juntos porque tenemos una identidad común: somos hijos de Dios y pertenecemos a Cristo.
Los israelitas que caminaban hacia Jerusalén tenían muchas diferencias, pero estaban unidos en algo mayor: adoraban juntos al mismo Dios.
La unidad cristiana también debe reflejar esa realidad. No se trata simplemente de estar juntos, sino de compartir una misma identidad y un mismo propósito en Cristo.
2. El proceso de la unidad
Versículo 2 David compara la unidad con el óleo precioso que era derramado sobre la cabeza de Aarón, el sumo sacerdote.
El aceite estaba compuesto por diferentes elementos que juntos producían un aroma agradable. En aquella época, además, los aromas tenían un valor práctico porque ayudaban a cubrir los malos olores del ambiente.
Esta imagen nos ayuda a entender cómo funciona la unidad. Somos diferentes, pero cuando estamos unidos en Cristo, nuestras diferencias pueden producir algo hermoso.
Pero hay algo todavía más importante: debemos fijarnos de dónde viene el aceite. Era derramado sobre Aarón, el sumo sacerdote.
Hoy nuestro Sumo Sacerdote es Jesucristo. Por eso nuestra unidad como creyentes no depende de nuestra capacidad de llevarnos bien ni de que todos tengamos la misma personalidad.
Nuestra unidad viene de Cristo.
Si dependiera solamente de nosotros, no funcionaría. No siempre nos tratamos bien, no siempre pensamos igual y no siempre es fácil relacionarnos con determinadas personas. Pero si somos hijos de Dios, estamos unidos a todos aquellos que también pertenecen a Cristo.
Por eso, cuando tenemos un conflicto con otro creyente, debemos recordar: esa persona sigue siendo mi hermano o mi hermana en Cristo. Tenemos el mismo Padre.
Jesús mismo oró por esta unidad en Juan 17:23, pocas horas antes de ir a la cruz. Desde la obra de Cristo, nosotros participamos de esa unidad.
Por eso no somos nosotros quienes creamos la unidad. Tenemos que demostrarla. La unidad ya existe en Cristo; nuestra responsabilidad es expresarla unos a otros y mostrarla al mundo.
Fuimos creados para adorar al Señor. Cuando adoramos juntos, oramos juntos, estudiamos juntos la Palabra y tenemos conversaciones espirituales, estamos expresando esa unidad.
Estar juntos es bueno, pero el simple hecho de pasar tiempo juntos no es lo que crea la unidad. Nuestra unidad está fundamentada en Cristo.
3. El propósito de la unidad
Versículo 3 David utiliza otra imagen: el monte Hermón. El Hermón era diferente de las montañas desérticas de la región. Tenía nieve en su cima y, cuando esta se derretía, el agua descendía y llevaba vida y provisión a las regiones que estaban alrededor.
Con esta imagen entendemos que la unidad no solamente nos beneficia a nosotros; también beneficia a todo lo que está a nuestro alrededor.
Cuando vivimos en unidad, esa unidad produce vida, bendición y testimonio.
Por eso nuestra unidad tiene un propósito mayor que nuestra propia comodidad. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tienen amor los unos por los otros.”
Juan 13:35
El mundo debe poder reconocer a Cristo al observar cómo nos amamos, cómo nos tratamos y cómo permanecemos unidos aun siendo diferentes.
La unidad cristiana es, entonces, parte de nuestro testimonio.
Aplicaciones y desafíos
1. ¿Estoy viendo la unidad como la presenta este salmo?
Debo preguntarme si estoy entendiendo que la unidad espiritual es algo que Dios desea que vivamos como iglesia.
La unidad se expresa cuando oramos juntos, adoramos juntos, estudiamos la Palabra juntos y tenemos conversaciones espirituales.
Cuando hacemos esto, experimentamos uno de los grandes beneficios de vivir en comunidad cristiana.
2. ¿Cuál es mi lucha con la unidad?
Debo identificar qué me dificulta relacionarme con otros creyentes.
Quizás son las diferencias de personalidad, las generaciones, las culturas, las formas de pensar o incluso algún conflicto personal.
Pero debo recordar que Jesús murió por todos aquellos que pertenecen a Él. Por eso, aunque conectar con algunas personas pueda ser un desafío, estoy llamado a amar a mis hermanos en Cristo y expresar la unidad que ya tenemos en Él.
Reflexión final
La unidad no comienza con nosotros; comienza en Cristo. No tenemos que crearla, sino vivirla y demostrarla.
Somos diferentes, pero tenemos un mismo Padre, pertenecemos al mismo Señor y fuimos llamados a adorarlo juntos.
Cuando vivimos en unidad, recibimos su bendición y, al mismo tiempo, mostramos al mundo quién es Jesús.
La unidad es buena, agradable y bendecida por Dios. Por eso, cuidémosla, expresémosla y vivámosla.

